
El episodio vivido el lunes en La Romareda es algo que tarde o temprano tenía que suceder. Últimamente nos estamos acostumbrando a que toda suerte de conductas antideportivas condicionen el resultado de los partidos. Los propios futbolistas son los que han de dar ejemplo y, actualmente, la conducta de los mismos deja mucho que desear y el Fair Play cobra vida en forma de tópico.
Durante el partido que enfrentó a Zaragoza y Getafe, mediada la segunda parte, se produjo el lanzamiento de balones desde la grada con el objetivo de que se detuviese el juego, favoreciendo al equipo local, que ganaba 2-1. Lo más lamentable es que incluso algún balón de los que se lanzaron, salió del propio banquillo del equipo maño. Esto hizo enfurecer al técnico del equipo azulón, Michel, e incluso Javier Aguirre, en rueda de prensa, pidió perdón por la actitud de su equipo y su afición. Esta práctica no es nueva, pues ya le sucedió al Real Madrid en el partido que perdió ante Osasuna en el Reyno de Navarra esta temporada.
Es lamentable que factores externos como éstos puedan interferir en el desarrollo de un partido. Pero ahora no podemos rasgarnos las vestiduras, porque en el fútbol actual (sobre todo español) estamos acostumbrados a que se juegue con eso a lo que algunos llaman picardía, sin que nadie diga una palabra más alta que otra. Siempre se ha dicho que el fútbol es para los listos, pero no son listos los que se benefician de lances del juego con malas artes.
Cuando se juega con el resultado a favor, todos los equipos tienen órdenes de perder el máximo tiempo posible en cada acción: en saques de puerta, de banda o caminando despacio cuando se realiza un cambio. Pero lo verdaderamente censurable llega cuando se fingen lesiones. Estamos cansados de ver a jugadores retorciéndose en el suelo hasta que entran los médicos, los cuales deben de aplicarles algún tipo de poción mágica, pues, en cuestión de segundos, están en la banda pidiendo la entrada al terreno de juego.
Esos mismos jugadores que, cuando sale un balón por la línea de banda, levantan el brazo pidiendo el saque a su favor independientemente de quien haya sido el último en tocarlo. Los que se tiran en el área tratando de engañar al árbitro y se enfadan cuando éste no señala un claro penalti. Prueba de ello son Di María, Daniel Alves o Carlos Marchena, entre otros.
Si en cada acción del juego se intenta engañar al árbitro, no podemos esperar que éste acierte en cada una de sus acciones. Cada jugador tiene a diez compañeros que están de su lado, además de un banquillo y, si juega en casa, toda una afición. El árbitro está solo ante el peligro y tiene, en el mejor de los casos, a veinticinco mil personas acordándose de su familia cada vez que hace sonar su silbato. La presión que soportan es máxima. Tienen que decidir en décimas de segundos sobre acciones en las que nosotros no nos ponemos de acuerdo tras visionar varias tomas a cámara súper lenta. Por no hablar del tratamiento que hacen de esto los medios de comunicación, que a diario cargan sus tintas contra los trencillas.
Pero al César lo que es del César. También es cierto que los árbitros españoles demuestran cada jornada que no están preparados para realizar correctamente su función. El señor Estrada Fernández, que arbitró el Zaragoza-Getafe de ayer, no reflejó correctamente en el acta los incidentes que acontecieron en el partido. Añadió incomprensiblemente sólo tres minutos al final del partido: si hay que añadir treinta segundos por cada cambio que se realice (y se hicieron los seis cambios), no parece lógico que sólo añada tres minutos si se detuvo el juego en tantas ocasiones. Además, también manifestó en el acta que sólo se habían lanzado balones al campo durante los últimos cuatro minutos de partido, algo que es falso, pues se comenzaron a lanzar desde mucho antes. Quizá sea por este motivo, por el que el Comité de Competición sólo haya sancionado al Real Zaragoza con 602 euros. Incomprensible.
Todos tenemos que cambiar para crear un ambiente con menos crispación: medios de comunicación, árbitros, aficionados, jugadores, directivos, entrenadores… No basta sólo con mostrar un cartel al principio de los partidos con el lema “Fair Play”.



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Hola, muy acertado tu comentario. Pero me parece curioso que no menciones al Sevilla en cuyo campo ocurre lo mismo que paso en Zaragoza todos los fines de semana pero supongo que no pasa nada porque son del sur y caen graciosos o algo.
El Zaragoza jugo contra el Sevilla la semana pasada y acabo hasta las narices de los recogepelotes, las tacticas antideportivas y del arbitro.
Y la multa al Zaragoza cuando lo hacen todos los equipos, por ridicula que sea, y lo mas gracioso que al sevilla ni lo mentan, que cosas si.
No he comentado lo de Sevilla, porque he partido de un caso concreto (que casualmente ha sido el del Zaragoza) para reflexionar sobre algo que me preocupa.
Es evidente que el Sevilla es uno de los equipos que más utiliza esta táctica tan censurable
Lo triste es que multen con 602 € conductas como ésta (sea el equipo que sea) y que por dedicar un gol a tu madre o a un amigo muerto cuyo nombres están escritos en la camiseta interior, te claven 3000€.